El primer paso en la creación de una solución IoT es el diseño y desarrollo de dispositivos. Estos dispositivos deben estar equipados con sensores especializados capaces de recopilar datos relevantes, como temperatura, humedad, movimiento, o presión, dependiendo de la aplicación específica. Los sensores deben ser seleccionados con cuidado, ya que influyen directamente en la precisión de la información que se recopila.
Además del hardware, es crucial que los dispositivos tengan la capacidad de conectarse a Internet para enviar y recibir datos. Para esto, se emplean diversas tecnologías de conectividad, como Wi-Fi, Bluetooth, redes celulares (como 4G o 5G) o incluso tecnologías especializadas como LoRaWAN para dispositivos que requieren conexiones a largas distancias o bajo consumo energético.
El diseño de los dispositivos también incluye aspectos de ergonomía y durabilidad. Dependiendo del entorno donde se instalarán, los dispositivos pueden necesitar ser resistentes a factores ambientales como el polvo, la humedad o las altas temperaturas.