La gestión de los datos es otro pilar fundamental del IoT. Una vez que los dispositivos envían los datos, estos deben ser almacenados y procesados en plataformas adecuadas, como servidores locales o servicios en la nube. Estos datos pueden incluir información sobre el estado de los dispositivos, patrones de uso, alertas y cualquier otro tipo de dato relevante para el usuario o para el sistema.
El análisis de los datos recopilados puede realizarse mediante algoritmos de análisis de datos o inteligencia artificial, que buscan identificar patrones y correlaciones. Por ejemplo, en un sistema de riego agrícola, los datos sobre la humedad del suelo pueden ser analizados para determinar cuándo es el momento adecuado para regar, optimizando el uso del agua y mejorando la eficiencia del sistema.
Además de la toma de decisiones automática, los datos pueden generar notificaciones a los usuarios, alertándolos sobre eventos importantes, como un cambio inesperado en el funcionamiento de un dispositivo o la necesidad de realizar una acción, como un mantenimiento o actualización.